Apuntes después de la discusión de El jardín de los Finzi-Contini

marzo 30, 2011

La acción se desarrolla en Ferrara, en dónde se desarrollan la mayor parte de las novelas del autor, lugar donde pasó su infancia. Los Finzi-Contini (el profesor Ermanno, Olga, Micòl ―de la que se enamora el protagonista narrador que no tiene nombre―, Alberto, y Regina). Comienza la novela con el suspenso de matemáticas del protagonista, que coge la bicicleta, se va y se encuentra en el muro del jardín de los Finci-Contini. Micòl lo llama, y juntos se van a una cueva. Él piensa quedarse allí y desaparecer. Es el año 1929. Final de la primera parte. Han pasado nueve años cuando volvemos a saber de él, en 1938 pasa al otro lado del muro del jardín los Finzi-Contini. Participa en los torneos de tenis que se organizan en la casa de estos, porque a los judíos se les había echado del club de tenis. Su padre, de ideas fascistas, no era un judío de clase alta como los Finzi-Contini, con un fuerte orgullo de clase. Las medidas represivas se notan al principio sólo por pequeños signos, quizás los más ingenuos no las ven, después es como una rueda gigante que lo arrastra todo. Me recuerda otra gran novela que hemos leído el año pasado: El Gatopardo. Es muy curioso, hay personas hoy en día que se jactan de no tener ideas políticas, de vivir al margen de la política, pero eso es falso, y en situaciones en las que las contradicciones se agudizan no queda más opción que decantarse en un sentido u otro, eterno tema que trata por ej. Graham Greene en sus novelas (El americano impasible), porque sino la marea te arrolla. Es una novela de melancolía, de añoranzas, pero no de un tiempo pasado que puede volver, sino de lo que pudo haber sido y nunca fue porque algo lo truncó, porque el fascismo se metió como una gran ola en las vidas de todos. Pero la vida continua y las costumbres de la aristocracia continúan, su elegancia, pero ahora necesita atraer gente, necesitan, a su modo, defender sus ideas, su supervivencia como clase. La historia de amor se entrelaza con una reflexión sobre la juventud, sobre sus ideales y sobre la situación política que les ha tocado vivir. Es una novela lenta, aunque pasen muchos años, que se regodea en los detalles, en las descripciones minuciosas. Una prosa espléndida, elegante, perfecta. Una prosa poética. Habla también de la situación literaria de la época. Narrado en primera persona. Es una novela muy aristocrática (escena en el carruaje). Final de la segunda parte. Las tesis que hacían, ella en Venecia y él en Bolonia, ella sobre Emily Dickinson y él sobre Carducci. Las llamadas de teléfono, tan actuales. La amistad con Alberto, ella estaba en Venecia. Discusiones con Malnate (comunista), Alberto no intervenía. Ascensión del fascismo contado a través de Malnate. Las cenas, cada vez más frecuentes. Trabajaba en la biblioteca del profesor Ermanno. Las cartas de Carducci. La progresión en las medidas tomadas por el fascismo afectan ya, sin remisión, a todos los judíos y convulsionan los cimientos de su propia familia. El beso. Comida de pascua. Fin de la tercera parte. La  llama repetidamente por teléfono hasta que consigue verla cuando está enferma: la escena de la cama, su pasión, que contrasta con la sangre fría de Micòl, que no pierde las formas (aristocracia). Después ella le habla de la imposibilidad de que surgiera entre ellos el amor, porque el amor es un deporte cruel en el que se dominan y se despedazan dos personas, como dice Baudelaire, y ellos son buenos. Prohíben las reuniones en la casa de los Finzi-Contini y sólo acuden él y Malnate. Escenas de celos de él hasta que ella le dice que sólo vaya dos días. Salidas con Malnate. Cenas, charlas sobre poesía. Le lee una poesía suya. Visita a un prostíbulo. Le confiesa su amor por Micól y lo que pasó. La acción pasa en un año. Charla con su padre sobre Micòl y deja de verla. Sospechas de que Micòl tiene un romance con Malnate. Incursión en el jardín y fin de la novela. Es una forma de denuncia del fascismo en la que no hay ningún episodio cruento ni siquiera de violencia, pero que nos deja sin embargo un profunda amargura porque describe a la perfección la ruptura completa de las vidas  de los judíos ( y de todos los que se opusieron a él, añado yo) que éste supuso. Es un libro de sentimientos, en definitiva en lo que se transforma cualquier realidad vivida, quizás sea un libro de desesperanza, pero al finalizarlo aún recordamos la frase que la niña dice en la visita a las  etruscas. Una frase de esperanza, por lo menos de no olvido. La novela es, quizás, un  homenaje, un recuerdo, a esas vidas muertas porque no llegaron a ser.

 Carmen Menéndez

 

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Estamos leyendo: Sobre los acantilados de mármol

marzo 16, 2011

Novela visionaria y llena de simbolismo, Sobre los acantilados de mármol narra la destrucción de la Marina, un antiguo y civilizado país situado junto a las aguas, cuyos habitantes se dedican al cultivo del trigo y de la vid. Al norte se hallan los acantilados de mármol, que separan la Marina de la Campaña, donde viven los pastores. Al borde de los acantilados viven el narrador y su hermano Otón en la Ermita de las Rudas, adonde se retiraron después de la guerra que dio lugar a la disgregación en la Marina. La amenaza provenía de los bosques y del señor que allí reinaba, el Guardabosque Mayor. Un día, los dos hermanos descubren «la barraca de los desolladores»: el lugar adonde los habitantes de los bosques llevan a sus víctimas, las mancillan y descuartizan, un hallazgo que desencadenará la guerra contra las huestes del Guardabosque Mayor.

El protagonista de la novela encarnaba muchas de las virtudes humanas y colectivas admiradas por el autor, tales como el heroísmo, la fidelidad o el afán de conocimiento. Pero encontramos a otro personaje, al que dedica casi todo el capítulo XIV, que también es objeto de mucho espacio e indudable admiración; Lampros, un monje católico. Personaje que quizás anticipe la posterior conversión de Jünger al catolicismo, dos años antes de su fallecimiento con casi 103 años de edad.

Sobre los acantilados de mármol, publicada originalmente en 1939, constituye en primer lugar una denuncia soterrada del nazismo. Se convirtió, inicialmente, en un éxito en Alemania, por lo que introdujo al propio Jünger, tal y como se lo transmitió Joseph Goebbels en persona, en “el club del tiro en la nuca”. Pero Jünger, en Sobre los acantilados de mármol, también realiza una magistral descripción, aplicable a cualquier tiempo y lugar, de las catastróficas consecuencias del totalitarismo nihilista, por lo que su lectura resulta muy aleccionadora.

Debatiremos esta novela en la próxima reunión: el 5 de abril del 2011.


Ernst Jünger

marzo 15, 2011

(Heidelberg, Alemania, 1895-Wiflingen, id., 1998) Novelista y ensayista alemán. Hijo de un farmacéutico, en 1913 huyó de su casa para alistarse en la Legión extranjera, y al año siguiente se presentó como voluntario de guerra en Hannover, siendo admitido en un regimiento de fusileros. Al término de la contienda, en la que resultó herido siete veces, recibió la orden “Pour le mérite” y continuó trabajando en el ejército hasta 1923, año en que inició estudios de filosofía y ciencias naturales -especialidad de zoología- en Leipzig.

De aquel período datan sus primeros trabajos literarios: Tempestades de acero (1920), diario escrito en el frente francés que constituye un documento de estremecedora lucidez sobre la gran conflagración europea, La lucha como vivencia interior (1922), fervorosa glorificación de la guerra, y El bosquecillo 125 (1925), crónica del combate en las trincheras centrada en un solo mes de 1918.

Tras la aparición de El corazón aventurero (1929), colección de viñetas en prosa que recogen impresiones y reflexiones diversas, publicó en 1932 su polémico libro El trabajador. Dominio y figura, estudio programático en el que presenta la figura del trabajador como una nueva magnitud social surgida de la Gran Guerra y determinada por los medios de producción de la era técnica.

En 1933 rechazó la admisión en la Academia Prusiana de las Artes que le ofrecía el nuevo régimen nacionalsocialista, frente al cual mantuvo una prudente y no siempre bien interpretada distancia que no le impidió, sin embargo, ocupar un puesto de oficial del ejército alemán en París, donde pasó casi toda la Segunda Guerra Mundial. Su controvertida postura de “anarca aristocratizante” unida a cierto dandismo esteticista y visceralmente antiliberal y antidemocrático le convirtieron, sobre todo después de 1945, en blanco permanente de ataques y críticas que alcanzaron particular relevancia al serle concedido, en 1982, el premio Goethe de la ciudad de Frankfurt.

De los títulos que publicó entre 1933 y 1945 conviene destacar Juegos africanos (1936), recreación de su fugaz experiencia adolescente en la legión, la novela Los acantilados de mármol (Auf den Marmor-Klippen, 1939), sin duda su obra más difundida, tras cuya textura simbólico-alegórica se advierten claras alusiones al régimen de terror imperante en Alemania, y Jardines y calles (1942), primera parte de sus voluminosos diarios de guerra y ocupación, escritos entre 1939-1948, que fueron reunidos bajo el título general de Radiaciones (Strahlungen, 1949).

Desde su instalación en la mansión forestal de Wilflingen, que le fue cedida por un amigo en 1950, la actividad creativa de Ernst Jünger siguió desarrollándose en tres vertientes principales: la obra narrativa, la prosa ensayística y los diarios y escritos autobiográficos. A la primera pertenecen tres importantes novelas utópicas: Heliópolis (Heliopolis. Rückblick auf eine Stadt, 1949) considerada por algunos como su obra maestra dentro del género, Las abejas de cristal (1957) y Eumeswil, de 1977, a las que habría que añadir Visita a Godenholm (1952), El tirachinas (1973), El problema de Aladino (1983) y Un encuentro peligroso (1985).

Entre su prolífica producción ensayística sobresalen Más allá de la línea (1950), dedicado a Martin Heidegger, La emboscadura (1951), en que resume algunas ideas centrales de su concepción del mundo, El libro del reloj de arena (1954), Junto al muro del tiempo (1959), Ad hoc (1970) y Aproximaciones (1970). Sobre su vida y actividades entre 1965 y 1980 dan testimonio los dos tomos del diario Los setenta se desvanecen, publicados en 1980 y 1981, respectivamente. Sus últimas publicaciones fueron Zwei Mal Halley (El cometa Halley por segunda vez), de 1987, y La tijera (Die Schere, 1995). En los últimos años de su centenaria existencia, Ernst Jünger se dedicó con afán a la entomología, su gran afición.


Apuntes sobre una discusión: Poeta en Nueva York

marzo 14, 2011

Publicamos los apuntes sobre Poeta en Nueva York elaborados por Patricia.

No es fácil leer al Federico de “Poeta en Nueva York”, puesto que se nos aleja de la visión más asequible de sus anteriores trabajos. Quizás en este caso la lectura deba ir condicionada por el conocimiento de  la situación del escritor en ese momento: el viaje a la ciudad de Nueva York supone para Lorca un alejamiento de las cosas que le resultan desagradables o insalvables -como la situación política de España -. Además, García Lorca se encuentra con una ciudad extraña, insolidaria, áspera. Todo ello, sumado a que su visita coincidió con la crisis económica de 1929, se ve reflejado en su poesía.

Una poesía cargada de simbolismo, que busca epatar al lector usando asociaciones de palabras que nada tienen que ver, fiel herencia del superrealismo. Una poesía que pretende ser una crítica feroz a la sociedad americana, que aparta y maltrata a  las minorías, que se conforma en “una multitud que vomita”, que no responde a las expectativas de García Lorca.

 “Nueva York (oficina y denuncia)”.

 Yo denuncio a toda la gente

que ignora la otra mitad,

la mitad irredimible

que levanta sus montes de cemento

donde laten los corazones…

…..     ….    ….    ….    ….   

¿Qué voy a hacer? ¿Ordenar los paisajes?…

…   …   …   …   …   …   ..

No, no; yo denuncio.

Yo denuncio la conjura

 de estas desiertas oficinas

que no radian agonías,

que borran los programas de la selva,

y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas

cuando sus gritos llenan el valle

donde el Hudson se emborracha con aceite.


Apuntes sobre una discusión: La plaza del Diamante

marzo 14, 2011

Una mujer, Natalia, se ve traspasada por una realidad más fuerte que ella. Conoce al que será su marido, Quimet, en una fiesta en la Plaza del diamante; él le cambia el nombre y ya durante toda la obra, hasta el final, será Colometa. No es baladí esta apreciación, puesto que es el primer síntoma de la aparente debilidad de carácter de la protagonista.
La novela comienza durante el espacio temporal de la República. Colometa se casa y se va desvelando el espíritu torcido de Quimet. Las palomas son el hilo en el que se va engarzando, como en el collar de perlas de la señora Natalia, una vida abocada a la miseria y desesperación, cuando Quimet desaparece en la guerra y Colometa debe seguir manteniendo a sus dos hijos pequeños. Mercé Rodoreda describe los entresijos del alma de Natalia, que encuentra su verdadero camino al casarse con el tendero que le vendía el grano para las palomas. Los símbolos, las imágenes, la naturaleza, todo ello conforma el universo de una mujer, aparentemente débil, como tantas otras.
Rodoreda relata la vida de Barcelona con auténtica fidelidad. La escritura de la novela se vale de un lenguaje sencillo y llano, que nos llega aún con más facilidad gracias al recurso del monólogo interior.

Patricia Núñez


Estamos leyendo

marzo 3, 2011

El jardín de los Finzi-Contini

Giorgio Bassani

Micòl, el personaje que llena toda la novela de Bassani, El jardín de los Finzi-Contini, es una mujer joven, por la que se siente atraído el protagonista que es un hombre de su misma edad y que nos cuenta, en primera persona, la historia de esos años del fascismo, y de su amor solitario.

Micòl, guapa y delgada, rubia, de ojos claros, vive con sus padres y su hermano Alberto en la enorme mansión que se encuentra en medio del jardín. Forman una familia de alta burguesía ferraresa, y son judíos. La joven estudia en su casa, juega al tenis, recorre Ferrara en bicicleta, y el alter ego de Bassani sueña con besarla, sin atreverse. Después, se trata con ella en la casa de la familia, en reuniones de jóvenes que son una respuesta a las leyes discriminatorias de Mussolini contra los judíos, pero sus relaciones, aunque íntimas, nunca llegarán a nada. La Segunda Guerra Mundial se insinúa ante nosotros, los lectores, que conocemos el destino al que el mundo estaba abocado, pero los personajes se relacionan antes de que la guerra estalle, intentando vivir en esa Italia del Fascio que ha convertido el país en un estruendo de sangre, sin sospechar que lo peor está por llegar.

Micòl juega al tenis en el jardín, pasea en bicicleta, le enseña al narrador enamorado los árboles centenarios, le habla por teléfono; después, estudia en Venecia: vive en un mundo que cada vez es más irreal, aunque todavía no lo sepa. De manera insensible, las relaciones se enfrían, y ambos se refugian en las largas y apasionadas conversaciones (sobre la guerra de España, sobre las Brigadas Internacionales, sobre los Baldwin, Blum, Halifax, sobre la Unión Soviética) con el amigo de Alberto, Giampiero Malnate, un comunista convencido que, enviado a la guerra con el cuerpo expedicionario italiano, nunca volverá de la Unión Soviética. Un día, todo ha terminado, aunque la relación se mantenga. Llega, sin embargo, el final: en una pequeña ciudad de provincias como Ferrara, dejan de verse, y el narrador sabrá, tras cuatro años sin ver a Micòl, que toda la familia ha sido deportada a Alemania, en 1943.

La próxima reunión será el martes 15 de marzo a las 19.00


Giorgio Bassani

marzo 2, 2011

Giorgio Bassani nació en Bolonia en 1916. Hijo de Dora y del médico Enrico Bassani, Giorgio pasó su infancia en Ferrara. En 1934 terminó el bachillerato en el Instituto Ariosto. Inicialmente se interesaba mucho por la música, pero luego se inclinó de modo definitivo por la literatura.

En 1935 ingresó en la Facultad de Letras de la Universidad de Bolonia, a la que a acude de modo intermitente y en donde se licenciará a pesar de las leyes raciales contra los judíos. A partir de ese momento, el joven literato Bassani se transforma en activista político clandestino, evitando a sus amistades literarias ferraresas y boloñesas. Esta actividad le conduce en 1943 a un breve arresto. Ese mismo año se casa con Valeria Sinigallia y dejó Ferrara para ir a vivir a Florencia primero e inmediatamente después a Roma, en donde transcurrirá el resto de su vida.

En 1940 se publica su primera obra Una ciudad en la llanura, que publica para esquivar las leyes raciales con el seudónimo de Giacomo Marchi.

Tras la guerra colabora con la Editorial Einaudi y en 1954 se convierte en redactor de la revista Paragone. En 1956 se imprime las Cinco historias de Ferrara, con las que obtuvo el Premio Strega del mismo año. En 1958 publica Las gafas de oro, en donde trata de la homosexualidad como motivo de discriminación. Como asesor y director editorial de Feltrinelli, Bassani consigue que se publique El gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

Alcanza su mayor éxito editorial en 1962, con la publicación de El jardín de los Finzi-Contini. En esta obra evoca la realidad de la burguesía rica y judía de Ferrara durante el fascismo una vez promulgadas las leyes raciales. Vittorio De Sica llevó esta novela al cine, aunque Bassani siempre mostró sus reticencias hacia la película.

Muere en Roma el 13 de abril de 2000 tras una larga enfermedad y entre fuertes disputas en el seno de su familia.