Apuntes después de la discusión de El jardín de los Finzi-Contini

La acción se desarrolla en Ferrara, en dónde se desarrollan la mayor parte de las novelas del autor, lugar donde pasó su infancia. Los Finzi-Contini (el profesor Ermanno, Olga, Micòl ―de la que se enamora el protagonista narrador que no tiene nombre―, Alberto, y Regina). Comienza la novela con el suspenso de matemáticas del protagonista, que coge la bicicleta, se va y se encuentra en el muro del jardín de los Finci-Contini. Micòl lo llama, y juntos se van a una cueva. Él piensa quedarse allí y desaparecer. Es el año 1929. Final de la primera parte. Han pasado nueve años cuando volvemos a saber de él, en 1938 pasa al otro lado del muro del jardín los Finzi-Contini. Participa en los torneos de tenis que se organizan en la casa de estos, porque a los judíos se les había echado del club de tenis. Su padre, de ideas fascistas, no era un judío de clase alta como los Finzi-Contini, con un fuerte orgullo de clase. Las medidas represivas se notan al principio sólo por pequeños signos, quizás los más ingenuos no las ven, después es como una rueda gigante que lo arrastra todo. Me recuerda otra gran novela que hemos leído el año pasado: El Gatopardo. Es muy curioso, hay personas hoy en día que se jactan de no tener ideas políticas, de vivir al margen de la política, pero eso es falso, y en situaciones en las que las contradicciones se agudizan no queda más opción que decantarse en un sentido u otro, eterno tema que trata por ej. Graham Greene en sus novelas (El americano impasible), porque sino la marea te arrolla. Es una novela de melancolía, de añoranzas, pero no de un tiempo pasado que puede volver, sino de lo que pudo haber sido y nunca fue porque algo lo truncó, porque el fascismo se metió como una gran ola en las vidas de todos. Pero la vida continua y las costumbres de la aristocracia continúan, su elegancia, pero ahora necesita atraer gente, necesitan, a su modo, defender sus ideas, su supervivencia como clase. La historia de amor se entrelaza con una reflexión sobre la juventud, sobre sus ideales y sobre la situación política que les ha tocado vivir. Es una novela lenta, aunque pasen muchos años, que se regodea en los detalles, en las descripciones minuciosas. Una prosa espléndida, elegante, perfecta. Una prosa poética. Habla también de la situación literaria de la época. Narrado en primera persona. Es una novela muy aristocrática (escena en el carruaje). Final de la segunda parte. Las tesis que hacían, ella en Venecia y él en Bolonia, ella sobre Emily Dickinson y él sobre Carducci. Las llamadas de teléfono, tan actuales. La amistad con Alberto, ella estaba en Venecia. Discusiones con Malnate (comunista), Alberto no intervenía. Ascensión del fascismo contado a través de Malnate. Las cenas, cada vez más frecuentes. Trabajaba en la biblioteca del profesor Ermanno. Las cartas de Carducci. La progresión en las medidas tomadas por el fascismo afectan ya, sin remisión, a todos los judíos y convulsionan los cimientos de su propia familia. El beso. Comida de pascua. Fin de la tercera parte. La  llama repetidamente por teléfono hasta que consigue verla cuando está enferma: la escena de la cama, su pasión, que contrasta con la sangre fría de Micòl, que no pierde las formas (aristocracia). Después ella le habla de la imposibilidad de que surgiera entre ellos el amor, porque el amor es un deporte cruel en el que se dominan y se despedazan dos personas, como dice Baudelaire, y ellos son buenos. Prohíben las reuniones en la casa de los Finzi-Contini y sólo acuden él y Malnate. Escenas de celos de él hasta que ella le dice que sólo vaya dos días. Salidas con Malnate. Cenas, charlas sobre poesía. Le lee una poesía suya. Visita a un prostíbulo. Le confiesa su amor por Micól y lo que pasó. La acción pasa en un año. Charla con su padre sobre Micòl y deja de verla. Sospechas de que Micòl tiene un romance con Malnate. Incursión en el jardín y fin de la novela. Es una forma de denuncia del fascismo en la que no hay ningún episodio cruento ni siquiera de violencia, pero que nos deja sin embargo un profunda amargura porque describe a la perfección la ruptura completa de las vidas  de los judíos ( y de todos los que se opusieron a él, añado yo) que éste supuso. Es un libro de sentimientos, en definitiva en lo que se transforma cualquier realidad vivida, quizás sea un libro de desesperanza, pero al finalizarlo aún recordamos la frase que la niña dice en la visita a las  etruscas. Una frase de esperanza, por lo menos de no olvido. La novela es, quizás, un  homenaje, un recuerdo, a esas vidas muertas porque no llegaron a ser.

 Carmen Menéndez

 

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