Estamos leyendo: El lobo estepario

noviembre 22, 2011

“El lobo estepario”, cuyo origen data de 1927, es uno de esos libros que vale la pena conocer porque, además de conjugar la fantasía con ciertos detalles autobiográficos, es innovador e intenta simbolizar la ruptura entre la rebeldía individual y las convenciones impuestas por la sociedad burguesa.

Por su calidad narrativa y las temáticas que aborda, esta propuesta que ha conservado intacta su capacidad de atraer la atención de los lectores más aficionados es, muchas veces, señalada como la obra cumbre del novelista nacido el 2 de julio de 1877 que, en 1946, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.

En “El lobo estepario”, el protagonista, Harry Haller, es un hombre maduro a punto de cumplir medio siglo de vida, que aspira vivir a su manera, sin guiarse o sentirse presionado por las convenciones sociales. Con ese solitario personaje al que le gusta leer y disfrutar de la buena música como punto de partida, Hesse construye una historia que deja al descubierto los miedos y angustias del hombre contemporáneo.

El libro se desarrolla a través de unos manuscritos creados por el propio protagonista, los cuales son presentados al lector por un conocido de Harry en la introducción de la obra. Dentro de los manuscritos se narran los problemas, la vida del protagonista y su difícil relación con el mundo y consigo mismo.

Haller, a diferencia del ciudadano común, se rebela frente a los conformismos sociales, intenta mantenerse al margen de la locura del consumo y prefiere llevar una rutina tranquila donde sólo hay espacio para la lectura, la meditación y la individualidad.

Sin embargo, este “lobo de las estepas” que parece tener una personalidad desdoblada donde surge una naturaleza humana y otra salvaje, no puede resistir la propuesta de sociabilizar y rendirse ante los encantos de una mujer.

“El lobo estepario” es un libro que, sin duda, cautivará a los admiradores del escritor alemán y sorprenderá gratamente a aquellos que aún no han descubierto la maestría literaria de este destacado representante del mundo de las letras. 

La próxima reunión será el martes, 20 de diciembre, a las 19.00


Herman Hesse

noviembre 18, 2011

Calw, Baden-Wurtemberg, Alemania, 2 de julio de 1877 – Montagnola, Cantón del Tesino, Suiza, 9 de agosto de 1962, fue un escritor, poeta, novelista y pintor suizo de origen alemán.

Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1946, como reconocimiento a su trayectoria literaria.

Hermann Karl Hesse nació en Calw, localidad ubicada en Baden-Wurtemberg, donde transcurrieron los tres primeros años de su vida (hasta 1880) y tres años de colegio (1886 a 1889). Descendiente de misioneros cristianos, la familia tuvo desde 1873 una editorial de textos misioneros dirigida por el abuelo materno de Hesse, Hermann Gundert. Fue hijo de Marie Gundert nacida en Basilea, (Suiza), en 1842 y de Johannes Hesse, nacido en 1847, hijo de un médico originario de Estonia. Tuvo cinco hermanos de los que dos murieron prematuramente.

Durante sus primeros años, su mundo estuvo impregnado por el espíritu del pietismo suabo (el pietismo daba más importancia a la experiencia religiosa personal que al formalismo y enfatizaba la lectura y estudio de la Biblia).

Continuos y violentos conflictos con sus padres lo llevan a una odisea a través de diferentes instituciones y escuelas. Entra en una fase depresiva e insinúa, en carta de marzo de 1892, ideas suicidas: quisiera partir como el sol en el ocaso, y en mayo, hace una tentativa de suicidio, por lo que lo ingresan en el manicomio de Stetten im Remstal, y más tarde en una institución para niños en Basilea. En 1892 entró en el instituto de Bad Cannstatt, en Stuttgart y en 1893, a pesar de obtener el diploma de ingreso de primer año dejó los estudios.

 Comenzó como aprendiz de librero en Esslingen am Neckar, aprendizaje que abandonó tres días después, luego trabajó como mecánico durante catorce meses en la fábrica de relojes Perrot en Calw, el monótono trabajo reforzó en él su deseo de volver a una actividad intelectual. En octubre de 1895, empezó una nueva experiencia como librero, en la librería Heckenhauer en Tubinga, a la que se consagró en cuerpo y alma. La parte principal del fondo literario era sobre teología, filología y derecho. La tarea del aprendiz Hesse consistía en agrupar y archivar libros. Al terminar su jornada, continuaba enriqueciendo su cultura en solitario, y los libros compensaban la ausencia de contactos sociales -…con los libros tenía más y mejores relaciones-. Hesse leyó escritos teológicos, después a Goethe, y más tarde Lessing, Schiller y textos de la Mitología griega. En 1896, su poema Madonna fue publicado en una revista vienesa.

 A partir del otoño de 1899, Hesse trabajó en una librería de ocasión en Basilea. Sus padres tenían contactos con familias basilenses cultas por lo que un reino espiritual y artístico de lo más estimulante se abrió ante él. Al mismo tiempo, el paseante solitario que era Hesse encontró la ocasión de retirarse a su mundo interior gracias a las numerosas posibilidades de viajes y paseos, lo que sirvió a su búsqueda artística personal, desarrollando en él la aptitud de transcribir literariamente sus percepciones sensoriales. En 1900, se libró del servicio militar por sus problemas en la vista. Sus dificultades de visión duraron toda su vida, al igual que su neuralgia y sus migrañas.

En 1901, Hesse pudo realizar uno de sus grandes sueños: viajar a Italia. El mismo año, Hesse encontró un nuevo empleo, en la librería Wattenwyl, en Basilea. Al mismo tiempo, aumentaron las ocasiones de publicar poemas y pequeños relatos literarios en revistas, enseguida, el editor Samuel Fischer se interesó por Hesse, y la novela Peter Camenzind, publicada oficialmente en 1904, marcó la ruptura: Hesse pudo a partir de entonces vivir de sus escritos.

La consagración literaria permitió a Hesse casarse en 1904 con Maria Bernoulli, instalarse con ella en Gaienhofen, al borde del lago de Constanza, y fundar una familia. Escribió su segunda novela Bajo las ruedas, aparecida en 1906, también relatos y poemas. Su siguiente novela, Gertrude (1910), supone una crisis de creatividad en Hesse. Acabó a duras penas la obra y más tarde la consideró fallida. Problemas en su hogar le llevan a viajar en 1911 con Hans Sturzenegger por Ceilán e Indonesia. No encontró la inspiración espiritual y religiosa que buscaba, sin embargo este viaje impregnó sus obras posteriores, comenzando por Cuadernos hindúes (1913). Tras su vuelta la familia se mudó a Berna, a pesar de ello, no se resolvieron sus dificultades de pareja tal como describe en su novela Rossalde.

Tras la declaración de la Primera Guerra Mundial en 1914, Hesse se presentó voluntario en la embajada de Alemania: no podía estar inactivo mientras muchos jóvenes morían en el frente. Fue, sin embargo, declarado inútil para el combate y destinado en Berna para asistir a prisioneros de guerra, en su embajada.

Cuando pudo reemprender su vida civil, su matrimonio estaba arruinado. Una grave psicosis afectó a su esposa, y a pesar de su mejoría, no pudo plantearse ningún porvenir con Maria. La casa de Berna fue vendida, y Hesse se mudó a la villa de Montagnola, en el distrito denominado Collina D’Oro, en el cantón de Ticino, en Suiza, alquilando un edificio similar a un castillo: la «Casa Camuzzi».

Allí, no sólo comenzó a escribir, sino también a pintar, lo que aparece en su gran relato siguiente, El último verano de Klingsor. En 1922 apareció la novela Siddhartha, en la que expresa su amor por la cultura y sabiduría hindú. Hesse se casó en 1924 con Ruth Wenger, matrimonio que no fue consumado y obtuvo la nacionalidad suiza. Las principales obras que siguieron, Le Curiste (El agüista) en 1925 y el Viaje a Nüremberg en 1927, son relatos autobiográficos teñidos de ironía, en los que se anuncia su más célebre novela El lobo estepario (1927) Al cumplir 50 años apareció su primera biografía, publicada por su amigo Hugo Ball. Poco después, con el éxito de su novela, la vida del escritor dio un cambio al inciar una relación con Ninon Dolbin, que sería su tercera esposa. Publicó Narciso y Goldmundo (1930), dejó el apartamento de la Casa Camuzzi y se instaló con ella en una casa más grande: la Casa Hesse, (también llamada Casa Rossa) en los altos de Montagnola, construida según sus deseos por su amigo Hans C. Bodmer.

En 1931 comenzó el proyecto de su última gran obra, titulada El juego de los abalorios.

En esta novela  propone su ideal de cultura: Una sociedad que recoge y practica lo mejor de todas las culturas y las reúne en un juego de música y matemáticas que desarrolla las facultades humanas hasta niveles insospechados. En gran parte, por esta obra tardía le fue concedido en 1946 el premio Nobel de literatura.

Murió a los ochenta y cinco años, el 9 de agosto de 1962 en Montagnola, a consecuencia de una hemorragia cerebral mientras dormía. Sus obras consideradas de gran valor espiritual y humanístico han contribuído enormemente al despertar artístico de generaciones enteras enriqueciendo así a la literatura universal.

 

Obra:

Novela.

•             1900: Hermann Lauscher, El caminante(der Reisende)

•             1904: Peter Camenzind

•             1906: Bajo las ruedas(Unterm Rad)

•             1910: Gertrudis (Gertrud)

•             1914: Rosshalde (Roßhalde)

•             1915: Tres momentos de una vida(Knulp)

•             1919: Demian

•             1922: Siddhartha

•             1927: El lobo estepario (Der Steppenwolf)

•             1930: Narciso y Goldmundo (Narziß und Goldmund)

•             1932: Viaje al Oriente(Die Morgenlandfahrt)

•             1943: El juego de los abalorios (Das Glasperlenspiel)

 MISCELÁNEA.

•             1898: Canciones románticas (Romantische Lieder)

•             1899: Una hora después de medianoche (Eine Stunde hinter Mitternacht)

•             1908: Amigos (Freunde)

•             1910: La ciudad

•             1917: El europeo

•             1918: El cuento del sillón de mimbre

•             1919: Klein y Wagner (Klein und Wagner)

•             1920: El último verano de Klingsor (Klingsors letzter Sommer)

•             1922: Trágico

•             1923: Infancia del mago

•             1924: Compendio biográfico

•             1926: Rastro de un sueño

•             1928: Sobre El lobo estepario

•             1928: Parodia suabia

•             1929: El Rey Yu

•             1930: Edmund.

•             1932: El pájaro

•             1942: Poemas

•             1946: La Ruta Interior

•             1946: Sobre la guerra y la paz

 

 


Estamos leyendo: Marianela

noviembre 9, 2011

Marianela fue publicada en 1878. Pertenece a lo que la crítica denomina la “segunda etapa narrativa” de Benito Pérez Galdós, cuando ha dejado a un lado las obras de tesis y se concentra en reflejar la sociedad y la condición humana.

La acción se sitúa en un pueblo minero del norte de España, en torno a 1860. Marianela, es una muchacha huérfana, hija de una alcohólica que se había suicidado, y vive con una familia, los Centeno, pobres, avaros y de pocas luces que niegan toda instrucción a sus propios hijos y que tratan a Nela peor que al gato. Pobre y poco agraciada físicamente se convierte en lazarillo de Pablo, un joven ciego de familia adinerada. La infeliz se enamora del muchacho y juntos conciben planes de futuro, en especial Nela.

Pero, un día, llega al pueblo el doctor Teodoro Golfín, un prestigioso oftalmólogo que opera con éxito a Pablo y este recupera la vista. El padre de Pablo concierta el matrimonio de su hijo con Florentina, una bondadosa y algo simple muchacha cuya deslumbrante belleza hace creer a Marianela que se halla ante la Virgen María, cuando la encuentra por primera vez.

Florentina se interesa vivamente por Nela, hasta el punto de que insiste en hacerle vivir con ellos dos cuando se casen pero Marianela no puede resistir el encontrarse con Pablo y que este sienta repugnancia ante su fealdad.  Se fuga de su casa pero el doctor Golfín la encuentra cuando está a punto de arrojarse por un precipicio para “reunirse con su madre”. Teodoro la aloja en casa de Pablo pero Marianela muere víctima de una enfermedad nerviosa que se agrava cuando Pablo la ve y la rechaza.

Junto a esta triste pero preciosa historia de fidelidad y amor, Galdós critica las duras condiciones de vida del proletariado, del que Nela forma parte, en la línea reformista y de mejora social que conforma el pensamiento del autor.

Al mismo tiempo, Galdós utiliza el argumento que ha creado para criticar con dureza el mundo de las apariencias.

La próxima reunión será el 22 de noviembre, a las 19.00


Benito Pérez Galdós

noviembre 4, 2011
Benito Pérez Galdós. Pintado por Joaquín Sorolla, 1894

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843 – Madrid, 4 de enero de 1920.

Galdós era el décimo hijo de un coronel del ejército, Sebastián Pérez, y de Dolores Galdós, una dama de fuerte carácter e hija de un antiguo secretario de la Inquisición. El padre inculcó en el hijo el gusto por las narraciones históricas contándole asiduamente historias de la Guerra de la Independencia, en la que había participado. Su imaginación fue desbordante desde muy joven. En 1852 ingresó en el Colegio de San Agustín, que aplicaba una pedagogía activa y avanzada para la época, durante los años en que empezaban a divulgarse por España las polémicas teorías darwinistas, de lo cual hay ecos en obras suyas como Doña Perfecta.

 Obtuvo Galdós el título de bachiller en Artes en 1862, en el Instituto de La Laguna, y empezó a colaborar en la prensa local con poesías satíricas, ensayos y algunos cuentos. También se había destacado por su interés por el dibujo y la pintura. Después de la llegada de una prima suya a casa, el joven Galdós se trastornó emocionalmente y sus padres decidieron que se fuera a la capital a estudiar la carrera de Derecho.

Llegó a Madrid en septiembre de 1862, se matriculó en la universidad. Conoció al fundador de la Institución Libre de Enseñanza, Francisco Giner de los Ríos, que le alentó a escribir y le hizo sentir curiosidad por una filosofía, el krausismo, que marcaría fuertemente su primera novelística. Sin embargo, de momento se limitó a frecuentar los teatros y a crear con otros escritores paisanos suyos (Nicolás Estévanez, José Plácido Sansón, etcétera) la «Tertulia Canaria» en Madrid, mientras acudía a leer al Ateneo a los principales narradores europeos en inglés y francés. Allí, durante una conferencia de Leopoldo Alas «Clarín», traba amistad con el famoso crítico y novelista asturiano.

 Era un asiduo de los teatros y le impresionó especialmente la obra Venganza catalana, de Antonio García Gutiérrez. Ese mismo año(1865) empezó a escribir como redactor meritorio en los periódicos La Nación y El Debate, así como en la Revista del Movimiento Intelectual de Europa. Al año siguiente y en calidad de periodista, asiste al pronunciamiento de los sargentos del Cuartel de San Gil. Llevaba una vida cómoda, albergado primero por dos de sus hermanas y luego en casa de su sobrino, José Hurtado de Mendoza. Según nos lo pinta Ramón Pérez de Ayala y las fotografías confirman, era un descuidado en el vestir y se conformaba siempre con ir de tonos sombríos para pasar desapercibido. En invierno llevaba enrollada al cuello una bufanda de lana blanca, con un cabo colgando del pecho y otro a la espalda, un puro a medio fumar en la mano y, cuando estaba sentado, a los pies su perro alsaciano. Se cortaba el pelo al rape y padecía horribles migrañas.

Era proverbial su timidez, que le hacía ser más que parco en palabras y su aspecto manifestaba una modestia inverosímil, hasta el punto de sufrir al hablar en público. Entre sus dotes estaba el poseer una memoria visual portentosa y una retentiva increíble que le permitía recordar capítulos enteros del Quijote y detalles minúsculos de paisajes vistos solamente una vez veinticinco años antes. De ello nacía también su gran facilidad para el dibujo. Todas estas cualidades desarrollaron en él una de las facultades más importantes en un novelista, el poder de observación.

 En 1867 hizo su primer viaje al extranjero, como corresponsal en París, para dar cuenta de la Exposición Universal. Volvió con las obras de Balzac y de Dickens y tradujo de éste, a partir de una traducción francesa, su obra más cervantina, Los papeles póstumos del Club Pickwick. Toda esta actividad supone su inasistencia a las clases de Derecho y le borran definitivamente de la matrícula en 1868. En ese mismo año, se produce la llamada revolución de 1868, en que cae la reina Isabel II. Cuando regresaba de su segundo viaje a París, y cuando volvía de Francia a Canarias en barco, vía Barcelona, y en la escala que el navío hizo en Alicante, se baja del vapor en la capital alicantina y marcha a Madrid a tiempo de ver la entrada del general Serrano y la de Prim. El año siguiente se encarga de hacer crónicas periodísticas sobre la elaboración de la nueva Constitución.

En 1873 comenzó a publicar los Episodios nacionales (el título se lo sugirió su amigo José Luis Albareda), un intento de entender la memoria histórica reciente de los españoles, y donde se refleja la vida íntima de éstos en el siglo XIX, así como su contacto con los hechos de la historia nacional que marcaron el destino colectivo del país. Se trata de 46 episodios en cinco series de diez novelas cada una, salvo la última, que quedó inconclusa. Arrancan con la batalla de Trafalgar y concluyen con la Restauración borbónica en España.

La primera serie (1873–1875) trata de la Guerra de la Independencia (1808–1814).

La segunda serie (1875–1879) trata de las luchas entre absolutistas y liberales hasta la muerte de Fernando VII en 1833.

La tercera serie (1898–1900), cubre la Primera Guerra Carlista.

La cuarta serie (1902–1907) se desarrolla entre la Revolución de 1848 y la caída de Isabel II en 1868. La quinta (1907–1912), incompleta, acaba con la Restauración de Alfonso XII.

Este conjunto novelístico constituye una de las obras más importantes de la literatura española de todos los tiempos y ejerció un influjo considerable en la trayectoria de la novela histórica española. El punto de vista adoptado es vario y multiforme, y se inicia con la perspectiva de un joven chico que se ve envuelto en los hechos más importantes de su época mientras lucha por su amada. La evolución ideológica de Galdós es perceptible desde el aliento épico de la primera serie hasta el amargo escepticismo final, pasando por la radicalización política y agresividad socialista-anarquista de las series tercera y cuarta.

Galdós asistía con regularidad al viejo Ateneo de la Calle de la Montera y trabó amistad con personajes de ideología nada afín a la suya, pues era hombre poco inclinado a fanatismos ideológicos. Así, se hizo un gran amigo de José María de Pereda, de Antonio Cánovas del Castillo, de Francisco Silvela y de Marcelino Menéndez Pelayo. También frecuentaba las tertulias del Café inglés, de la Iberia y del viejo Café de Levante. Hizo viajes por Francia, Inglaterra e Italia varias veces, pero por su amistad con Pereda se aficionó a Santander (Cantabria), ciudad a la que estuvo estrechamente vinculado y donde tomó la costumbre de veranear en El Sardinero junto a Pereda y Menéndez Pelayo. Allí se construyó su célebre casa de San Quintín. También gustaba de visitar Toledo, ciudad por la que sentía una gran predilección y a la que hizo escenario de algunas de sus novelas, como Ángel Guerra. En 1884 viajó a Portugal en compañía de su amigo Pereda.

Influencias de la amistad le regalaron el acta de diputado por Puerto Rico (1885) y asistió a las cortes en la legislatura del año siguiente sin apenas despegar los labios: el Congreso fue para él un nuevo observatorio desde el que analizar «la sociedad española como materia novelable», que sería el título de su futuro discurso de ingreso en la Real Academia. De 1886 a 1890 se comprometió poco activamente en política, ya que era diputado por el partido de Sagasta.

Durante sus últimos años se consagró fundamentalmente al teatro, para el que entregó 22 piezas, sin contar multitud de obras de juventud que (a excepción de la llamada Un joven de provecho) hoy se han perdido, ni Antón Caballero, que no llegó a terminar. Algunas de ellas eran adaptaciones de sus novelas, cuya evolución le iba reclamando además la forma dialogada. En esta época empieza a aparecer el espiritualismo europeo en su obra, cuando Galdós empieza además a sentir un gran interés por la obra de León Tolstói. También en la última parte de su vida padeció las consecuencias de sus descuidos económicos y su tendencia a endeudarse de forma continua.

 Para conocer bien España se dedicó a recorrerla en coches de ferrocarril de tercera clase, codeándose con los míseros y hospedándose en posadas y hostales de mala muerte.

Se levantaba con el sol y escribía regularmente hasta las diez de la mañana a lápiz, porque la pluma le hacía perder el tiempo. Después salía a pasear por Madrid a espiar conversaciones ajenas (de ahí la enorme frescura y variedad de sus diálogos) y a observar detalles para sus novelas. No bebía, pero fumaba sin cesar cigarros de hoja. A primera tarde leía en español, inglés o francés; prefería los clásicos ingleses, castellanos y griegos, en particular Shakespeare, Dickens, Cervantes, Lope de Vega y Eurípides, a los que se conocía al dedillo. En su madurez empezó a frecuentar a León Tolstói. Después volvía a sus paseatas como no hubiera un concierto, pues adoraba la música y durante mucho tiempo hizo crítica musical. Se acostaba con las gallinas y casi nunca iba al teatro. Cada trimestre acuñaba un volumen de trescientas páginas.

Ingresó en la Real Academia Española en 1889, contestándole Menéndez Pelayo. A los pocos días le correspondió a él contestar al discurso de su gran amigo José María de Pereda. En 1890 y 1891 fue reelegido diputado por Puerto Rico. Habiéndose unido a las fuerzas políticas republicanas, Madrid lo eligió representante en las Cortes de 1907. En 1909 fue jefe, junto a Pablo Iglesias, de la coalición republicano-socialista, pero él, que «no se sentía político», se apartó enseguida de las luchas «por el acta y la farsa» y se dedicó de nuevo a la novela y al teatro.

En 1919 se realizó una escultura suya, reconociendo su éxito en vida. A pesar de su ceguera, pidió ser alzado para palpar la obra y lloró emocionado al comprobar la fidelidad de la escultura. Cargado de laureles, el indiscutido gran novelista español del siglo XIX murió en su casa de la calle Hilarión Eslava de Madrid el 4 de enero de 1920. El día de su entierro, unos 20.000 madrileños acompañaron su ataúd hacia el cementerio de la Almudena (zona antigua, cuartel 2B, manzana 3, letra A).

 

Obras:

 Novelas de tesis

•             La sombra (1870)

•             La Fontana de Oro (1870)

•             El audaz (1871)

•             Doña Perfecta (1876)

•             Gloria (1877)

•             La familia de León Roch (1878)

•             Marianela (1878)

 Novelas españolas contemporáneas

•             La desheredada (1881)

•             El doctor Centeno (1883)

•             Tormento (1884)

•             La de Bringas (1884)

•             El amigo Manso (1882)

•             Lo prohibido (1884–85)

•             Fortunata y Jacinta (1886–87)

•             Celín, Trompiquillos y Theros (1887)

•             Miau (1888)

•             La incógnita (1889)

•             Torquemada en la hoguera (1889)

•             Realidad (1889)

 Novelas espirituales

•             Ángel Guerra (1890–91)

•             Tristana (1892)

•             La loca de la casa (1892)

•             Torquemada en la cruz (1893)

•             Torquemada en el purgatorio (1894)

•             Torquemada y San Pedro (1895)

•             Nazarín (1895)

•             Halma (1895)

•             Misericordia (1897)

•             El abuelo (1897)

•             La estafeta romántica (1899)

•             Casandra (1905)

•             El caballero encantado (1909)

•             La razón de la sinrazón (1909)

 Episodios nacionales

 Teatro

•             Quien mal hace, bien no espere (1861, perdida)

•             La expulsión de los moriscos (1865, perdida)

•             Un joven de provecho (1867?, publicada en 1936)

•             Realidad (1892)

•             La loca de la casa (1893)

•             Gerona (1893)

•             La de San Quintín (1894)

•             Los condenados (1894)

•             Voluntad (1895)

•             La fiera (1896)

•             Doña Perfecta (1896)

•             Electra (1901)

•             Alma y Vida (1902)

•             Mariucha (1903)

•             El abuelo (1904)

•             Amor y ciencia (1905)

•             Bárbara (1905)

•             Zaragoza (1908)

•             Pedro Minio (1908)

•             Casandra (1910)

•             Celia en los infiernos (1913)

•             Alceste (1914)

•             Sor Simona (1915)

•             El tacaño Salomón (1916)

•             Santa Juana de Castilla (1918)

•             Antón Caballero (1921, inacabada)

 Miscelánea

•             Crónicas de Portugal (1890)

•             Discurso de ingreso en la Real Academia Española (1897)

•             Memoranda, artículos y cuentos (1906)

•             La novela en el tranvía

•             Política española I (1923)

•             Política española II (1923)

•             Arte y crítica (1923)

•             Fisonomías sociales (1923)

•             Nuestro teatro (1923)

•             Cronicón 1883 a 1886 (1924)

•             Toledo. Su historia y su leyenda (1927)

•             Viajes y fantasías (1929)

•             Memorias (1930)