LA INVENCIÓN DE MOREL.

No ha sido este texto de Bioy Casares una lectura fácil. La misma historia absorbe al lector hasta el punto de perturbarlo. Se trata de una novela que implica un trabajo que el lector debe de afrontar para poder interpretar los   distintos planos de la narración. Podemos haber intuído la triste historia de un fugitivo que busca refugio una  isla asolada por una extraña peste. Pero hay mucho más, el texto se cierra sobre sí mismo, lo que leemos no es sólo la peripecia, es la lectura de una repetición, algo que se reproduce y reproduce a su vez el texto. El narrador se encuentra confuso, enfermo de soledad y perdido en una realidad que no entiende. Los personajes recurrentes no alivian su situación, puesto que incluso el amor que siente por Faustine es algo ficticio a la vez que doloroso por su inviabilidad.

Alguien que juega a ser dios, que se cree más poderoso que la propia naturaleza, que se inventa su propia inmortalidad, todo ello es Morel.

Este libro verdaderamente no nos ofrece la posibilidad de una lectura tranquila pero como se apuntó en la discusión haya gustado o no, es un libro que perturba al lector y le procura reacciones  como pocas lecturas lo hacen.

Foucault, a propósito de la obra de Roussel hace un comentario que creo que encaja también  para esta novela de Bioy Casares:

“la obra estaría entonces construida sobre todo un andamiaje de secretos que se gobiernan unos a otros sin que ninguno de ellos tenga un valor universal o absolutamente liberador”.

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