Estamos leyendo… Doña Berta

mayo 18, 2016

Doña BertaDoña Berta es una anciana que vive con la sola compañía de una sirvienta tan vieja como ella y de su gato en una hacienda asturiana. Jamás ha salido de allí, ni concibe hacerlo, pues su existencia ha estado tan ligada a su tierra (Susacasa, “donde nunca llegaron ni los romanos ni los moros”) como la de cualquiera de los árboles de sus terrenos. Pero la anciana tiene un secreto: de joven fue seducida por un militar liberal, que fue acogido en su casa por sus hermanos (que simpatizaban con el otro bando) cuando fue herido en las guerras carlistas. La joven Berta quedó embarazada de esa relación y cuando sus hermanos se enteraron, hicieron desaparecer el fruto de la misma. La pobre mujer, embargada por un sentimiento de culpa y deshonor, nada pudo hacer para evitar que le arrebataran al recién nacido. Ya anciana, cuando sus hermanos han muerto, doña Berta iniciará su particular investigación acerca del destino de su hijo cuando recibe la visita de un pintor proveniente de la capital…

Doña Berta puede dividirse en dos partes: en la primera se describe la vida cotidiana de la protagonista (y el episodio del pasado ya descrito) en el paraje donde pertenece, una mujer que no ha vuelto a tener más relaciones después de su juvenil aventura. En la segunda, cuando el pasado vuelve a llamar a su puerta, realiza un acto inconcebible: vende sus queridas tierras a precio de saldo y se embarca en la aventura de visitar la capital para intentar encontrar pistas sobre la existencia de su presunto hijo. Es un impulso irresistible el que le lleva a cometer lo que para su mentalidad es una auténtica locura.

La existencia de doña Berta en Madrid será la de un pez fuera del agua. Para ella la ciudad es una inmensa jungla repleta de peligros, llena de gente que corre a unos quehaceres incomprensibles. Pero su único anhelo es admirar el retrato de su presunto hijo.

La próxima sesión será el martes 7 de junio a las 19.00.


Leopoldo Alas “Clarín”

mayo 18, 2016

ClarínALAS, LEOPOLDO (Zamora, 1852-Oviedo, 1901). Conocido por el seudónimo de «Clarín», forma con Pérez Galdós la pareja de grandes novelistas españoles del siglo XIX. Comparable a su labor de novelista es la desarrollada como cuentista, y la periodística: crítica, teoría literaria y temas políticos. Vivió en León y en Guadalajara durante la infancia, debido al cargo de Gobernador Civil que su padre desempeñó en esas ciudades; sin embargo, su persona y su obra están entrañablemente asociadas con Asturias, y aún más concretamente con la ciudad de Oviedo, a donde se trasladó en 1865, y donde estudió el bachillerato. Pasó en Madrid casi siete años, de 1871 a 1878, estudiando la carrera de Derecho, en la que se doctoró. En 1883 regreso a Asturias para ocupar en la Universidad la cátedra de Derecho Romano. Cinco años después obtuvo la de Derecho Natural.

Los años madrileños fueron provechosos en cuanto que comenzó a escribir artículos periodísticos, tanto de pensamiento filosófico y religioso, como políticos y literarios. Esta faceta de Clarín, dedicado a explorar las cuestiones sociopolíticas de su época, ha sido olvidada durante mucho tiempo (igual que la actividad paralela de Galdós). Aparte del interés en las cuestiones del día, debe recordarse que Clarín estudió en una Universidad donde los maestros más estimulantes eran los seguidores del filósofo alemán Karl Krause. La gran aportación de estos hombres, especialmente de Francisco Giner de los Ríos, fue reformar la filosofía y la enseñanza en la España del último tercio del siglo pasado.

Para entender a Clarín en cuanto a lo literario, conviene recordar que el interés intelectual, crítico, de origen krausista, da un sentido especial a sus obras; a ello se suman otros elementos de la filosofía de la época, en especial de la corriente positivista, del realismo y del naturalismo. Si el krausismo marcó el horizonte ético e intelectual del escritor, la corriente positivista del realismo y el naturalismo le proporcionó una manera de poner entre paréntesis ciertas parcelas del mundo y de examinar, valiéndose del microscopio naturalista, al ser humano de su tiempo.

El tono moralista de Alas aparece reforzado por su desengaño ante la sociedad de su época.

España iba reduciéndose en tamaño, y no sólo geográfico. Al perder las colonias de América, cayó en una anemia espiritual, producida por la carencia de ánimo y de las ideas fertilizantes que la revolución industrial trajo consigo, contribuyendo a transformar las grandes naciones europeas. No olvidemos que Clarín vivió tres acontecimientos dramáticos de la historia española: la revolución liberal de 1868, la Restauración y la pérdida de las últimas colonias, en 1898.

Pasando del trasfondo intelectual del pensamiento de Clarín a su práctica crítica, se observa que fue prolífico escritor y periodista. Sus escritos se caracterizan por una punzante ironía, que se ensañó en cuantos escritores de mal gusto cayeron en sus manos, aunque también supo ensalzar los méritos de quienes lo merecían.

La agresividad crítica de Clarín y el cortante filo de sus opiniones estéticas contrastan con la cautela con que aborda su labor creadora. Comenzó escribiendo cuentos cortos, en los que reflejó lo que el mundo y sus gentes ofrecían de interesante. La primera entrega fue Pipá (1879), novela corta influenciada por el naturalismo, que presenta en germen personajes que aparecerán en La Regenta (1884-85). La Revista de Asturias publicó en 1880, entre abril y junio, tres capítulos de Speraindeo, primer intento de novela, que nunca llegó a terminar.

Muchos y muy buenos cuentos y novelas cortas escribió Alas: El Señor y lo demás son cuentos (1892), Doña Berta, Cuervo y Superchería (los tres de 1892) y Cuentos morales (1896) son, posiblemente, los relatos más notables de la literatura española de su tiempo. Intentó, sin éxito, triunfar en el teatro; el estreno de Teresa (1895) fue un fracaso.